El análisis de orina permite valorar:
La función de los riñones, mediante la determinación de la densidad de la orina. En condiciones normales, los riñones son capaces de variar la concentración de la orina en función de las pérdidas corporales de líquidos. En caso de deshidratación, por ejemplo, los riñones “ahorran” agua y producen menos orina y más concentrada. De ahí que en situaciones de diarrea, vómitos o fiebre la orina sea más oscura y con un olor más intenso. Para valorar la repercusión de diferentes enfermedades. Dado que los riñones producen la orina a partir de un filtrado de la sangre, puede evaluarse la repercusión de algunas enfermedades mediante el análisis de la orina. Es el caso, por ejemplo, de la diabetes, enfermedad en que cuando la concentración de glucosa (“azúcar”) en sangre sobrepasa un determinado nivel, aparece también en la orina. Para detectar gérmenes (generalmente bacterias), en caso de sospecha de infección de orina, en niños con dolor con la micción, dolor lumbar y fiebre o en lactantes con fiebre sin causa evidente. En estos casos, además, permite identificar el germen responsable de la infección (urocultivo) y su sensibilidad a los antibióticos más utilizados (antibiograma). Ver figura 1.Para detectar la presencia de algunas sustancias que en condiciones normales no están presentes en la orina, consecuencia de enfermedades del metabolismo o de la ingesta de medicamentos o drogas. Este análisis resulta de utilidad en caso de niños con pérdida de conciencia o estado de coma de causa desconocida para descartar que su causa sea una intoxicación por algún fármaco.